1er comunicado de Vitrina Dystópica: Habitamos la dystopía

Viernes 13 de mayo de 2016.

Primer comunicado de Vitrina Dystópica. La realidad no es capitalista.

 

Digamos que compartimos un diagnóstico. El diagnóstico dice que habitamos la dystopía. Que todos, todas, cada uno, cada una, puede percatarse en el día a día que el mundo no está dispuesto para nuestra vida, sino que ésta es entregada para alimentar el bienestar de unos pocos, y mientras tanto drogarnos con lo que sea, yoga o cocaína, marihuana o clonapam, para aguantar el día que sigue. Y todo está explícito, tanto que Luksic puede imponernos sus descargos y asumir concretamente que es un poderoso, pero que a pesar de eso aún no puede hacer llover. Es que sucede que nosotros, nosotras, ya no tenemos estrictamente un mundo. La dystopía nombra su ruina. Ruina que quienes se benefician de la explotación de la naturaleza humana y no humana, gestionan para su beneficio.

El saqueo de la naturaleza, por tanto, es inherente, es inseparable de la actual manera de organizar la Producción y el Gobierno. Se muestra con extrema fuerza en Chiloé, donde literalmente la podredumbre del modelo de producción, ha destruido el ecosistema, ha arruinado la naturaleza. Y lo ha hecho en razón del modelo, no por una deficiencia. Los gobiernos dirán cualquier cosa, invocando las palabras del

desarrollo,

del progreso,

del crecimiento de las regiones,

incluso de la democracia ¿por qué no?

Es que si hay otro elemento fundamental de la dystopía, es que las declaraciones de quienes aparecen como gobernantes, deben ser contradictorias para que funcione la cosa. Es decir, deben hablar de crecimiento frente al saqueo; deben hablar de democracia frente a la militarización del wallmapu; deben hablar de escuchar a la ciudadanía, sometiéndola a la represión y a la persecución de sus organizaciones y demandas. No esperamos por tanto, que solucionen crisis alguna, pues es el alimento de la ganancia entendida como ilimitada. Y ese 1% que se enriquece exponencialmente año tras año, mes a mes, es quien sostiene esa política institucional, que no puede sino emitir declaraciones confusas, plantear este orden como el único posible, esta vía como la única acertada, sus medios como los únicos legítimos; para evitar que lo evidente se haga visible. Sin embargo, la realidad pulsa, la vida porfía, la gente, la multitud y el pueblo se encuentran, discuten, se organizan, experimentan su potencia en las calles de Ancud, de Castro, en Osorno, en las tomas, en las plazas, cada vez que nos damos la oportunidad de vivir la política. Es decir, de convertir nuestra existencia en algo más que supervivencia. Porque la vida no es un dato, es arte, artesanía, acción, conexión, arrojo, valentía, encuentro y disenso.

Nosotras, nosotros, creemos que si el orden político actual es la dystopía y es en sí mismo la catástrofe, entonces nos corresponde a nosotros, a nosotras, arrebatarles el mundo que quieren mantener como ruina. Porque el hecho de que nos hayan planteado el fin de la historia, y que lo repitan como un mantra cuando por todo proyecto, apenas se puede aspirar a ser “uno mismo”; solo demuestra su desconocimiento. El Imperio de su forma de vida jamás será completo, porque ya está desbordado. Y si algo queremos, es que toda experiencia de pérdida del miedo, de desafío, de tanteo de los límites, pueda ser leña para el fuego que está ardiendo, para el mundo, para los mundos que laten bajo la ruina que administran las instituciones estatales e internacionales.

Bienvenidas, entonces, bienvenidos, bienvenides, queremos acá exponer todas las aristas posibles del orden político actual, para que juntos podamos desmontarle punto por punto; y pretendemos también dar a conocer, discutir y potenciar a quienes en la práctica están creando los mundos por-venir. Buscamos entonces que en la crítica colectiva de aquello que nos agobia y deprime, y en el reconocimiento común de aquello que alegremente nos permite aún respirar, crezcan imparables las fuerzas, y que por fin y para siempre la marea lo ocupe todo.

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