Continuidad del esbozo y tres principios de la “guerra en curso”

pacos huyen de manifestantes en dictadura chile

Una falsa dicotomía ha venido creciendo bajo nuestras narices durante todo este período posterior a, aproximadamente, 1989, caracterizado como “post-dictadura”, “democracia tutelada”, “inserción de Chile en los mercados internacionales” o, simplemente, “dystopía”. Esta aparente contradicción comienza en una constatación que se arruina, precisamente, en el momento de disponer materialmente de una acción, cuando se piensa el qué hacer en oposición al cómo hacer, es decir cuando caemos en el triste otoño de la pereza y la complacencia ciudadanas -pues hay dos disposiciones polares ante la constatación de la violencia: la de víctimas o la de guerrerxs.

Que la táctica y la estrategia sean el problema que convierte a la izquierda en un delta, cuyos cauces desembocan en un pantano en lugar de la mar-océano, no debiera sorprender a ningún lector del escenario político. Y aún así, el grito de la multiplicidad no puede abandonarse donde la bandera de la libertad devela todos los colores. Pues, hay efectivamente una constatación común: la necesidad imperativa del fin de este sistema de dominación, que es la dominación del capital sobre la humanidad y la naturaleza de la que ésta es parte, y que tiene como principales características constitutivas:

  • la destrucción de la tierra a partir del carácter extractivista del capital en el territorio ocupado por el Estado chileno, así como en diversos lugares del planeta donde el neocolonialismo se extiende heredando los estados nacionales sus roles administrativos a grandes corporaciones transnacionales. Aquí hallamos desde ya el vicio ontológico del capital, por cuanto las economías de extracción comportan en principio la explotación —ya sea “sustentable” o derechamente depredadora— de los “recursos naturales”: comprende a la tierra como una mera fuente de explotación para las formas de vida humana dominantes. En el régimen político contemporáneo, la primacía de la extracción de cobre, madera y salmón, es consecuencia del proceso de desindustrialización a que sometió la dictadura a Chile, vendiendo las entonces incipientes industrias de propiedad estatal a los administradores civiles de la matanza, tales como Joaquín Lavín o Julio Ponce Lerou, hoy llamados eufemísticamente empresarios;
  • el capitalismo financiero, que es la primacía de la circulación de dinero cuyo valor aún no ha sido producido por el trabajo humano, para el intercambio de mercancías, cuya adquisición por las grandes franjas humanas sólo es posible mediante la deuda, la cual a la vez que habilita el ingreso simbólico a las formas de vida dominantes, principalmente con el uso de tecnologías de la comunicación e imagen, perpetúan la esclavitud contemporánea de lxs precarizadxs empleadxs, por cuanto consumen lo que aún no han producido, sin poder asegurar que podrán pagar sus deudas pero asistidos de la absoluta certeza de que ésta le será cobrada igualmente a las descendencias;
  • y un Estado neoliberal fundado por la violencia militar del golpe de Estado de 1973 contra los pueblos en Chile, a partir de cuyo estado de excepción se definió nuestra estructura jurídica –la Constitución de Guzmán– que restringe hasta hoy el campo de operaciones de la política al padecimiento de la connivencia gubernamental entre empresa y poder constituido, bajo la subjetivación del miedo y la ciudadanía de lo posible, es decir, bien digeridas las falacias de la libertad y la democracia.

Todas las “demandas” de los “movimientos sociales” surgen como respuesta a esta tríada, que es mucho más una cultura que una economía, es decir, es una retícula de comprensión del mundo. Es sentido creado y, sólo en tanto tal, espectáculo. Se presenta como lo único posible hasta que finalmente aparece como lo deseable, mediante los dispositivos de gobierno, que son mecanismos de subjetivación de la tristeza.

un país serio soy lider

Pero el talud se abre en la pared, la perspectiva nos hace ver la jaula en su extensión casi infinita, tenemos la salud de notar nuestra propia angustia, escuchamos el grito de los cuerpos cansados y castigados, y detona así entre los comunes, la rebelión. Henos ahí, afinidades, nos amis, irreductibles. Y he allí también el astigmatismo de quienes quieren ver en lxs que se sublevan a un grupo de iluminados, una vanguardia, un foco guerrillero, falsos profetas, o cualquier cosa que no sea la comunidad viva luchando por su afirmación. De la náusea de lxs que olían a diario el procesamiento de cerdos en Freirina a las históricas luchas de los pescadores contra la privatización oligopólica de la mar: comités, juntas de vecinos, asambleas. Todo lo que hermana a aquello que han llamado “luchas locales”, es decir, la misma fuerza que alimentaba la rabia del Movimiento Social por Aysén cuando logró articular diferentes organizaciones bajo esa fórmula inconclusa que rezaba: “Tu problema es mi problema” y que no despejaba la ecuación con el origen común que dotaría de conciencia a la lucha: el capitalismo. Porque, como escribió hermosamente Foucault a un diario francés en 1979 a propósito de las sublevaciones contra el Shá en Irán, “el hombre que se levanta finalmente no tiene explicaciones”.

Entonces, un diagnóstico: la crisis. Falta un movimiento -que no la solución: el acto. La falsa dicotomía: (1) que todo acto político cristaliza en un nuevo orden de dominación y (2) que el pensamiento crítico no constituye en sí una acción política.

Politizar la constatación quiere decir: traducir esa masturbación del descontento en una ética material de la guerra: reconocimiento, cartografía, táctica, estrategia, defensa, afirmación, enfrentamiento y avance. Pensar este teatro de las fuerzas, potenciar las propias nuestras, observar el despliegue de los dispositivos de gobierno, oler y escuchar con cautela, preguntar a los demás vigías si ven la misma tormenta, y vivir poéticamente que es lo mismo que vivir de manera revolucionaria. Pues no podemos sembrar la semilla del mundo nuevo sólo una vez hayamos vencido y esté tranquilo el campo de batalla, sino por el contrario, jamás pretendemos el apaciguamiento de las fuerzas, la impolítica. Será en el mismo despliegue y potenciamiento de nosotrxs en tanto comunidad, como vamos a socavar el imperio de la violencia de género, clase y raza; finalmente de todo tipo de dominación.

Si el individuo hace agua, pues ¡que se disuelva en el piélago de lo común!. Únicamente desde ese lugar, iremos avanzando.

CHILE-CELAC-EU-SUMMIT-PEOPLE-DEMO

Como hemos expresado, esto es la continuidad de un esbozo, que estamos creando en todo momento, que no cesa de crecer y que, por lo tanto, no lo pueden parar. Sólo se está creando nuestro ejército una vez comprendida la nulidad de oponer la constatación del diagnóstico a la puesta en acto de la rebelión. Por eso, para la examinación de nuestro escenario, queremos recoger algunas experiencias con miras a expresar algunos principios elementales de nuestra posición:

Enero de 2015. Puente de Allenby. Nicole Carpentier Nazal, nacida en Chile, intenta entrar a Palestina por la frontera entre Jordania y Cisjordania, controlada por las fuerzas armadas de Israel. Los oficiales reconocen rápidamente su origen palestino y la retienen varias horas mientras averiguan más antecedentes sobre sus actividades. La interrogan hasta el cansancio, le preguntan si ha participado en marchas en Chile, si milita en grupos políticos, cuál es su visión del “conflicto” en “Israel”. Le revisan el teléfono móvil en busca de números palestinos. En su maleta encuentran una copia en DVD de Enquette personelle de Ula Tabari, prueba suficiente de su palestinidad política. Entonces la pasan a otro interrogatorio, donde una oficial googlea su nombre mientras la amenaza de que no le mienta… pero rápidamente da con una firma digital de Nicole en Change.org contra el asalto israelí a la flotilla humanitaria a Gaza de 2010. Tras eso, la obligan a abrir sus cuentas de Facebook y correo electrónico, y finalmente la expulsan de vuelta a Amán. Primer principio: Que no nos vean quiere decir necesariamente que debemos vernos pero de otra forma ante los ojos de la vigilancia y el control. Debemos conjugar en todo ámbito, sobre todo en la virtualidad, el antiguo verbo griego lantháno, que podemos traducir como pasar piola: “habrá personas que se resistan a la adopción y al uso de la tecnología, personas que rechacen tener un perfil virtual, un smartphone o el menor contacto con sistemas de datos online. Por su lado, un gobierno puede sospechar que las personas que deserten completamente de todo esto tienen algo que ocultar y son así más propensas a infringir la ley” auguraba The New Digital Age citado por el Comité Invisible.

La utopía neoliberal propone, desde la filosofía inglesa, que los individuos preexisten a la sociedad. Toma como principios antropológicos el miedo y la desconfianza al otro, toda vez que el individuo se define asimismo por su condición de propietario. Es, de hecho, el contrato social, aquello que reglamenta esta condición del hombre, y eleva la primitiva posesión de los objetos al grado de propiedad, evitando con esto la guerra de todos contra todos. Sin embargo, los contractualismos reconocen un momento societal en el que, alcanzado cierto nivel de razón entre los hombres, éstos superan el estado de naturaleza e instituyen, por lo tanto, recién una forma de vida en común; la cual Hobbes, Locke y otros han llamado fundacionalmente: civilización. Pero el estado de naturaleza sólo opera especulativamente, pues no tenemos noticia de un momento de la humanidad sin relaciones entre personas y demás entes vivos; el estado civil por lo mismo viene a justificar el proyecto civilizatorio moderno a partir de esta especulación que tan bien les ha funcionado a los legistas de todos los tiempos, ¿o no, intendente Jouannet? De cualquier manera, el liberalismo se servía de este marco para solidificar los proyectos emancipatorios de las burguesías europeas, que son las administradoras de los estados nacionales modernos, los cuales por cierto eran en sí mismos proyectos que pretendían dirigir la humanidad entera y, por lo tanto, descansaban sobre la base de que el Estado articulaba la vida común de las personas. Pero son Friedrich von Hayek y Ludwig von Misses quienes principian la crítica ultraderechista al Estado, hasta llegar al calvo profesor de Chicago, cuya herencia padecemos en estos territorios australes, merced a los boys de la Junta. En el neoliberalismo no habría sociedad por salvar o por construir, pues ésta es la mera suma de los individuos que viven en una misma intersección espacio temporal. Para la racionalidad de estos autodenominados monetaristas, las iniciativas comunitarias son simplemente estúpidas, pues van en contra de una supuesta esencia humana del egoísmo y la competitividad, la cual esta última además operaría como desarrolladora de las iniciativas que continúan engrasando la máquina del capital. Por esto, el neoliberalismo es una utopía, y por esto también la comunidad es el nuevo fantasma que recorre el mundo entero y también Europa. Segundo principio: La comunidad no es algo por crear, sino una inmanencia que debemos direccionar como oposición a la economía política del individualismo. Es decir, cuando se habla de rearticular el tejido social que la violencia de la dictadura destruyó, no se trataría tanto de realfabetizar a los campesinos del Ñuble y devolverle la conciencia a la clase, como sí de expandir esta constatación cual un virus entre los enfermos cuerpos de lxs proletarixs, reconociendo lo común de lo local mas sin pretender una homogenización de las luchas en la diversidad de los territorios.

Los oráculos del calendario cristiano harían mejor en leer algunas de las millones de páginas impresas y digitales que documentan los levantamientos espontáneos de indígenas, trabajadores, estudiantes, campesinxs, mujeres desbordadas por el terrorismo patriarcal, en lugar de explicar los fenómenos sociales a partir de los cinco años del 2011 ó la década que hoy nos separa del invierno de 2006. Pues resulta muy sencilla la charlatanería de matinal televisivo que augura cambios en las correlaciones de fuerzas y reequilibrios cósmicos, cuando todo esto tiene su materialidad en la explotación de los cuerpos y en la destrucción del planeta. Y esto lo saben los comunes, las vecinas y los abuelos, lxs oficinistas y pasajerxs del transporte público que hace diez y cinco años salieron junto con nosotrxs a cortar las calles de las grandes ciudades con plantas ornamentales y escombros de sus patios, golpearon ollas con cucharones y gritaban por la educación pero también por lxs presxs, por lxs despedidxs a causa de pertenecer a un sindicato, por la represión desaforada que deja caer la yuta cuando recibe la orden de atacar la “amenaza interna”. Ejemplos de esto nos sobran en la memoria, y son también el alimento que nos permite continuar sin morir, pero también sin caer en la esperanza que es la posposición de nuestro acto. Y no debemos posponer el acto de rebelión más allá de donde sea útil a nuestra estrategia, es decir, no empezar a pelear estando derrotados a priori, ni aplazar para el futuro eterno la disposición combativa, bajo la excusa de la acumulación de fuerzas. Tercer principio: Que la rebelión no está tan lejos sino como creamos que está lejos. Si algo caracterizó los movimientos sociales de 2006 y 2011 no fue su advenimiento desde una esfera separada de lo social, tampoco la cristalización de un poder popular en desarrollo. Fue la pérdida del miedo al conflicto, la claridad de que la política se ejerce en el pólemos, en el disenso, en la —finalmente cierta— guerra en curso.

Barricadas 28 mayo 2015

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