Recado confidencial a nuestros padres muertos antes que mueran

Si el pensamiento es infinito porque es una relación entre pensamientos individuales, entonces nuestra condición está determinada por la capacidad que tengamos de escucharnos. Desde que nacimos, nosotros venimos escuchando sus sueños y frustraciones, y si bien eso nos ha alimentado las ganas, también nos ha hecho mella en la posibilidad real de vivir otro tipo de vida, ustedes y nosotros. Las modificaciones del mundo en los ámbitos de su reproducción material y simbólica no han hecho sino acelerar nuestras debilidades, esto es, el sufrimiento que nos causa existir así en este mundo. Sin embargo, lejos de proponer una nueva terapéutica, queremos refutar las bases según las que nos han enseñado a leer esta vida en crisis. Para partir, no habría una determinación material que supedite a sí las demás dimensiones de la existencia, lo que no significa negar la explotación de las grandes masas de habitantes humanos de la tierra, mediante el trabajo forzado que hoy toma la forma de la precariedad y la responsabilidad individual. Proponemos, recogiendo una tradición de lucha en el ámbito del pensamiento, que nuestra existencia está atravesada por una multiplicidad de fuerzas que la producen como vida humana. Ni la ciencia ni la técnica ni las humanidades ni la prensa ni las artes han sido jamás neutrales y, si en algún momento se concibieron al servicio de un proyecto de liberación, también en esto se limitan, pues no hay liberación que no pase por rechazar y destruir las categorías que el poder nos ofrece como atributos, sobre todo las de explotadxs, dominadxs y víctimas. La experiencia de vivir la vida libre y alegremente se abre al desertar de aquello que nos han recetado. Y, créannos, todo cuanto ustedes intentaron está en la lista de lo que el enemigo espera de nosotrxs. Expropiar bancos, armarnos, pasar a la clandestinidad, constituir partidos y sindicatos, crear alianzas y frentes amplios. Sabemos también que si queremos desertar, no se trata simplemente de renunciar a nuestras actividades en las ciudades e irnos a los valles a sembrar la tierra, esto no solamente porque la tierra entera está privatizada y ni bien la ocupemos nos caerá la fuerza militar de la propiedad, sino porque no queremos huir de una cárcel para entrar en otra que tenga mejores condiciones. Desertar implica experimentar permanentemente formas de vida no-capitalistas, no-autoritarias, no-patriarcales. Esto es crear nuevas armas, lo que tampoco se contradice con la necesidad de ejercitarnos, fortalecernos y armarnos física y materialmente contra un enemigo que existe a costa de nuestra destrucción. Esa experimentación está ya teniendo lugar en diversos territorios, climas y calendarios. El sigilo es su lengua, la ternura su piel. Desertar es, también, batallar contra la pereza del pensamiento, que reproduce lo que oye de las bocas mayores sin componerle nada a esa palabra policíaca. Este experimento no tiene una forma, pero tiene diversas intensidades. Conocemos, por ejemplo, de la represión que recibe el pueblo mapuche de las comunidades en resistencia, por eso con ellos nos exigimos la máxima de las solidaridades. No crean que cuando queremos acabar con ustedes buscamos su eliminación física, no se confundan. Nuestro combate contra la familia es parte de la guerra contra la moral que se libra en cada cuerpo que busca la libertad. Sabemos de dónde procedemos, del cariño con que nos dieron la leche y la sangre, pero también de la violencia histórica del patriarcado colonial, latifundista, obrero mismamente, del alcoholismo de los campos, de la violación de chinas y mujeres peruanas en la guerra del salitre. Procedemos del engaño y del aprovechamiento sistemático del orden dominante sobre nuestras madres y abuelas. No estamos orgullosos de todo lo que nos compone. Y aquello por lo que luchamos, así como la metodología misma de nuestra lucha es componer entre nuestras individualidades algo más grande que cada una por separado, siempre esquivando la unidad que encabeza. Lo que soñamos no es algo por construir sino el acto más principal de la existencia. Procuramos una comunidad de personas libres que realicen su voluntad en el choque de las mismas, siendo así más potentes, es decir, que podamos hacer más y mejor, que la suma de esclavos llamada de manera grandilocuente sociedad.