Fisurar la realidad no es tarea sencilla.

Texto leído en el lanzamiento del fanzine Museo Ceniza Galaxia, del Colectivo Vitrina Dystópica, n°6, “No Pasarán” en Centro Social y Librería Proyección.

Jennifer Concha, integrante de la Yeguada Latinoamericana.

Psicóloga, feminista e investigadora crítica.

La cuestión para una insurrección es llegar a hacerse irreversible.  La irreversibilidad se alcanza cuando se ha vencido, al mismo tiempo que a las autoridades la necesidad de autoridad, al mismo tiempo que a la propiedad el placer de tener, al mismo tiempo que a toda hegemonía el deseo de hegemonía. Esto sucede porque el proceso insurreccional, contiene en sí la forma de su victoria o la de su derrota” (el comité invisible)

 

Fisurar la realidad no es tarea fácil, ni sencilla, ni existen métodos o respuestas claras respecto de aquello. El punto en cuestión es que existe un movimiento irreverente, indómito, que dibuja resistencias y construye otros soportes y deseos de realidad.

La actualidad política de chile y el mundo es decadente. La vuelta a la derecha podíamos vislumbrarla ya desde hace años, y se entrecruza con una proliferación de demandas y movimientos sociales post 2000, siendo en Chile ejemplar el movimiento estudiantil que el 2006, mismo año en el cual muere el genocida jamás juzgado, tiene expresiones multitudinarias. De esta forma comienzan a levantarse otros movimientos que demandan una nueva constitución política, justicia social en cuanto al proceso dictatorial, defensa de la tierra y movimientos ecológicos, proliferación del pensamiento y movimiento feminista, etc. Teniendo todos éstos, lugar y visibilidad en la calle. Todo lo cual, nos ha dejado una lamentable y significativa cifra de muertos y encarcelados, bajo la excusa de defensa del orden público y la democracia.

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Con la modernidad se difuminan las diferencias hasta llegar a su cruce corrosivo dando lugar al aparecimiento en la escena social de ese sujeto sujetado irrenunciable que pareciera íntimo, esta nueva época de gobierno,  se sirve de diversos dispositivos para administrar, aparece entonces la necesidad de la categoría población,  ciudadano, la verdad la determinan criterios estadísticos, y triunfos intelectuales forzosos, asistimos actualmente a un control masivo y tecnológico de los cuerpos en un marco neoliberal y virtual. Si antes regía el gobierno soberano aquel que administraba exclusivamente las tierras o territorios, la figura cambió, y lo que se gobierna hoy son los hombres (genéricos) y las cosas, aparece el sujeto, es decir un humano individuado en lo social, sujetos a normas, leyes, criterios morales, incluso sueños y deseos. Vidas diseñadas que sostienen el despliegue de lo social, pero no son para nada imprescindibles para el curso de la maquinaria.

La toma de consciencia se vuelve infértil sin el correlato de la acción. Envolvernos y sostener un devenir insumiso o crítico en este contexto, nos lleva a preguntarnos por los pilares que sostienen los sistemas actuales de dominación y nos impulsan con ello irremediablemente a la emergencia de la acción política, emergencia que debe entenderse como choque, cruce o disputa de fuerzas sobre las que emergen acontecimientos de diversa potencia y evocación. Bajo ciertas condiciones de posibilidad como el contexto, escenario, lenguaje común o nuestras trayectorias subjetivas. Existe un movimiento mundial hacia la lucha en contra del sistema capitalista post industrial.

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Estos movimientos críticos y resistentes al régimen, nos muestran y ensayan la exploración de otras formas de relación que se materializan, irremediablemente en la experiencia inmediata y las relaciones que en ellas se entreteje. Entonces, la pregunta se desplaza del qué y el cuándo al cómo, cómo ser y estar con el otro en el mundo, como estar-en-común. Pensar en lo común nos resuelve en alguna medida el problema de la sustancia, totalización, nostalgia y esencia que encierra y recubre a la noción moderna de comunidad. La cual además ha resultado capturada y apropiada por todos los gobiernos de manera mas o menos difusa. Es una palabra que como dice un pensador “evoca buenas sensaciones”.

Recurrir a lo común, es hacerse cargo del diagnóstico de algunos autores que dicen que en l actualidad “asistimos a la tragedia de lo no común”. Pero, ¿qué es realmente lo común? Para la filosofía política de las ultimas décadas, lo común se relaciona con un principio político de relación que viene de la communitas (anterior a la definición que articula Tonnies) que entre otras cosas refiere a un conjunto de personas a las que las une no una propiedad sino un qué hacer, una deuda que se resuelve con un don, no una cosa (res), sustancia o cualidad de una cosa. Esta idea designa un principio de relación que se sostiene en otra noción, el munus, que refiere a un principio de oposición a lo cerrado, al clouster, lo que define lo común así entendido es la norma de inapropiabilidad y también vinculado al munus, la norma de reciprocidad (mutum) derivado del munus.

Lo común designa la emergencia de una nueva forma de oponerse al capitalismo incluso de considerar su desaparecimiento, hablamos de prácticas que apuntan a un porvenir no capitalista, un porvenir más autonómico.

¿pero cómo pensar estas posibilidades en un contexto de constante persecución, amedrentamiento, encerramiento y violencia de parte de los cuerpos policiales y las instituciones del estado? Es complejo enunciarse como cuerpo político disidente y radical, pero vale la pena, aunque alguna vez pudiera ser la sentencia silenciosa de muerte.

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“No pasaran” es una invitación a pensar y repensar los mecanismos con los que el poder apropiado ejerce su dominio, es también una invitación a pensar lo común, es decir, la política en su despliegue anti capitalista y yo agregaría obviamente, la vida política en su despliegue anti patriarcal. No pasaran, es una invitación a no ocultar como día a día se nos encierra y persigue por no ser legales, por no ser “normales”, por enunciar tácticas rebeldes y darles forma pública. No pasaran, devela la problemática racial y clasista que permea las leyes y lo político, desnaturaliza esas construcciones pretendidamente verdaderas que evocan como natural lo que tiene o no lugar en el mundo y lo que debe ser corregido, normado, cuantificado, vigilado y castigado, como sostenía aquel autor. No pasaran, son pensamientos “para acelerar el fin de la época”, pues que lúcido y que necesario, cuando el miedo y el imperativo de la humanidad, nos recorre, domina y aparentemente modela nuestras posibilidades de acción. Este “material de evocación corrosiva” invita mirar más allá de lo evidente, invita a dejar aquellas palabras viejas y empolvadas de la crítica social.

Que todos somos extranjeros respecto de algo, basta con ir de punta en blanco a una población y hablar de palabras refinadas como revolución o comunidad para experienciarlo aunque nos incomode oírlo. Que todos somos marginales respecto de algo pero que es lo que determina el respecto de qué. Diluir la identidad, deformarla. Hacer política y transformar en instante, no queremos más seguir esos surcos de adormecimiento autómata.

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Jennifer Concha

Yeguada Latinoamericana

Psicóloga, feminista e investigadora crítica.