Digamos que los pulmones todavía hacen su pega

Estoy imaginando el futuro, estoy tratando de verle la cara el color la dentadura con la que anda sonriendo por fuera o por dentro incluso de este espacio, lo veo que sonríe y que se disfraza de acción y de doncella y de huracanes y cifras como quien tuviera a su cargo una fábrica entera de la cual fuesen saliendo niños, premios, aplausos, máquinas, discursos, descubrimientos relativos a la aridez media de los paisajes en que nos movemos. Imagino el futuro y veo máquinas sin bordes, veo bichos de todo tipo, simétricos luminosos, viajando por el tiempo polinizando jardines y coordenadas, veo raíces y líquidos fluyendo, la vida de la vida fluyendo derramada, tecnología y epilepsia, el comodín del tiempo cíclico y su poder de ángulo completo, el horizonte, habiendo perdido el habla tristemente, girando alrededor del sol y de la sangre, todas las perversiones veo, juntas o esparcidas entre las escenas. El futuro, sabemos que inicia y desespera de súbito, habrán dolores y partos escondidos, puesto que habrá leyes habrá miedo y habrán salidas forzosas, evacuaciones de día de noche habrá hambre y malos tratos, habrán niños y luego máquinas que pasen por encima buscando, encontrando, borrando, habrá eso y luego habrá olvido silencio habrá días en los que muy poca gente se dirigirá el saludo.

Imagino el futuro, toda mi cabeza desplazada en el intento, e imagino respuestas para preguntas invisibles y saltos tremendos en el fondo de las vivencias. Mi cabeza esparcida entre los árboles y los pecados, dispersa como quien quiere narrar el destino de la especie, en ayuno y con los miembros tiesos, concentrada imaginando. Las casas del futuro, las casas desmembradas, adormecidas, grandes mareas de gente repartida por el territorio, sin dinero providencialmente, buscando lo prometido entre las excusas frágiles de un país remoto. Mi cabeza en desuso, entiendo la extrañeza de no tener idea de nada salvo los pantalones, caminando entre unas calles inconsciente imaginando el paisaje del mundo, de lejos, feliz desconociendo el precipicio que viene, deudas futuras y abortos caseros, armas punzantes, momentos químicos o delirantes, y así es como uno habla del deseo y de la salud general de una época, despreocupadamente, torcido de cuerpo y de ideas, descompuesto o a medio cocer.

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