Acabar con el nazismo liberalista ahora. Llamado a la movilización desde Chile.

Versión en Italiano
Versión en Ingles

En fraterna colaboración con Franco Bifo Berardi, un llamado a no rendirnos, a persistir, a insistir ante los últimos zarpazos desesperados con los que nos golpea la (re)articulación neoliberal. ¡Un llamado internacionalista a no rendirnos!

El largo y desastroso ciclo neoliberal se está agotando con la misma sangre y la misma violencia con la que comenzó. El ciclo neoliberal, caracterizado por la devastación sistemática del medio ambiente, el empobrecimiento de la vida social, la reducción del salario, la precariedad laboral, la privatización de todos los servicios públicos, la incitación permanente a la guerra de todos contra todos empezó en 1973 cuando los ideólogos neoliberales norteamericanos utilizaron un asesino llamado Pinochet para destrozar el experimento democrático liderado por Salvador Allende.

El liberalismo globalitario, que se (re)presenta como fuerza humanitaria y democrática, nació gracias a la dictadura militar y la violencia autoritaria. En los años de Thatcher y de Reagan la contrarrevolución experimentada en Chile y Argentina se generalizó a todo el Occidente como violencia económica y brutal represión a los intentos de defensa social.

No debemos olvidar que la filosofía del Neoliberalismo se funda, básicamente, sobre los mismos principios del nazismo hitleriano: la selección natural, la imposición de la ley del más fuerte en la esfera social, la eliminación de toda diferencia entra la sociedad y la jungla.

Esta filosofía Nazi-Liberalista se logró imponer en el mundo a través de la eliminación de las vanguardias obreras y la reestructuración masiva de la producción; mediante la privatización de la escuela, del sistema sanitario, de los transportes públicos y de la ocupación patronal de los medios de comunicación.

Cuarenta años de violencia nazi-liberalista han llevado al desmoronamiento del edificio mismo de la democracia, al agotamiento de los recursos físicos del planeta, a la catástrofe climática y a la difusión masiva de psicopatías agresivas e incluso suicidas.

Pero en estos días estamos entendiendo que donde esta locura nazi-liberalista empezó, podrá pronto acabarse.

En las últimas semanas hemos asistido a una explosión de revueltas distintas, dis-homogéneas, hasta contradictorias: la insurrección ecuatoriana, la revuelta de los jóvenes en Hong Kong, la ola masiva de protesta contra el centralismo español en Cataluña, la resistencia armada del pueblo kurdo contra el fascismo genocida turco.

Y ahora, la sublevación de los estudiantes y trabajadores chilenos que comenzó como protesta contra la subida del gasto de los transportes urbanos, se transforma en una crítica práctica y masiva a la violencia financiera, llamando con ello a estudiantes y trabajadores de todo el mundo a marchar al lado de los niños y niñas que cada viernes protestan contra la destrucción del planeta.

El capitalismo es un cadáver que sigue entrampando las potencialidades de invención, de progreso, de imaginación, de solidaridad. Nos dicen que el capitalismo no tiene alternativas: en este caso tenemos que prepararnos para la guerra, para la Apocalipsis medioambiental, para una probable extinción de la raza humana.

Pero la alternativa existe: se funda sobre la superación de la obsesión económica del crecimiento obligatorio, la redistribución de los recursos, la reducción del tiempo de trabajo asalariado y la ampliación del tiempo de actividad libre (enseñanza, terapia, acción solidaria).

En cada país del mundo tenemos que expresar solidaridad a los insurgentes de Chile, de Ecuador, de Hong Kong, pero sobre todo tenemos que descender a las calles, parar las actividades diarias, atacar los centros del poder económico y financiero, construir las estructuras de la reconversión ecológica y social que la humanidad necesita. Parece ser ahora el momento, quizá tanto tiempo esperado, para asestar los golpes finales a este modo de producción que es muerte; atacándolo, sin respiro, en todos los países y lugares.

¡En apoyo a los pueblos que ante nuestros ojos no se rinden, en total respaldo a las vidas ahora en riesgo por luchar contra quienes solo buscan mantener sus indignantes privilegios, que se levante tal solidaridad internacional como no se ha visto en quizá un siglo y contra el genocidio que no cesan de querer provocar, se abra al fin otra época, otro tiempo y la vida digna de ser vivida!

Foto: compa Maria Yaksic
foto «Cerro Huelén» por compa María Yaksic

Franco Bifo Berardi
Vitrina Dystópica, la realidad no es capitalista

— — — — — — — — — — — —

Ingles:

The long and disastrous neoliberal cycle is being exhausted with the same blood and violence with which it began.

This neoliberal cycle has systematically devastated the environment, impoverished daily life, reduced wages, precarised labor, privatised public services, permanently incited to war all against all.

This cycle began in 1973 when North American ideologues used a murderer whose name was Pinochet to destroy the democratic experiment led by Salvador Allende, elected by the majority of Chilean people and killed by the fascists who wanted to defend profit economy.

Global liberalism, which is (re)presented as a humanitarian and democratic force, was born thanks to military dictatorship and authoritarian violence. In the Thatcher and Reagan years, the counterrevolution experienced in Chile and Argentina was exported throughout the West as economic violence and brutal repression of all attempts at social defense.

We should not forget that the philosophy of Neoliberalism is basically based on the same principles as Hitler’s Nazism: natural selection, the imposition of the law of the strongest in the social sphere, the elimination of all differences between society and the jungle.

This Nazi-Liberalist philosophy was imposed on the world through the elimination of the workers’ vanguard and the massive restructuring of production; through the privatization of schools, the health system, public transport and the occupation of the media by corporate bosses.

Forty years of Nazi-liberalist violence have led to the collapse of the very building of democracy, to the depletion of the planet’s physical resources, to climate catastrophe and to the massive spread of aggressive and even suicidal psychopathies.

But lately, we are beginning to understand that where this Nazi-liberalist madness began, it will soon be over.

In recent weeks we have witnessed an explosion of different, dis-homogenous, even contradictory revolts: the Ecuadorian insurrection, the youth revolt in Hong Kong, the massive wave of protest against Spanish centralism in Catalonia, the armed resistance of the Kurdish people against Turkish genocidal fascism.

And now, the uprising of Chilean students and workers, which began as a protest against the rise in urban transport costs, is transformed into a practical and massive criticism of financial violence writ large, thus calling on students and workers from all over the world to march alongside the children who every Friday protest against the destruction of the planet.

Capitalism is a corpse that continues to entrap the potentialities of invention, progress, imagination and solidarity. We are told that capitalism has no alternatives: in this case we have to prepare for war, for the environmental apocalypse, for a probable extinction of the human race.

But the alternative exists: it is based on overcoming the economic obsession of compulsory growth, the redistribution of resources, the reduction of time in salaried work and the extension of free activity time (teaching, therapy, solidarity action).

In every country of the world we have to express solidarity to the insurgents of Chile, Ecuador, Hong Kong, but above all we have to descend to the streets, stop daily activities, attack the centers of economic and financial power, build the structures of ecological and social reconversion that humanity needs. Now seems to be the moment, perhaps so long awaited, to deliver the final blows to this mode of production that is death; attacking it, without respite, in all countries and places.

In support of the peoples before our eyes who do not surrender, in total support for the lives now at risk by fighting against those who only seek to maintain their outrageous privileges, that such international solidarity be raised as has not been seen in perhaps a century and against the genocide that they do not cease to want to provoke, to open at last another era, another time and a life worthy of being lived!

Italiano:

Il lungo disastroso ciclo neoliberista si sta esaurendo nel sangue e nella violenza come nel sangue e nella violenza cominciò. Esso si è caratterizzato come devastazione sistematica dell’ambiente, impoverimento della vita sociale, riduzione del salario, precarietà del lavoro, privatizzazione dei servizi pubblici, incitamento alla guerra di tutti contro tutti.

Questo ciclo cominciò nel 1973, quando gli ideologi neoliberisti nord-americani usarono un assassino chiamato Pinochet per distruggere l’esperimento democratico di Salvador Allende, eletto dalla maggioranza del suo popolo e ucciso dai fascisti nell’interesse dell’economia di profitto.

Il liberismo globalitario, che si presenta sotto spoglie umanitarie e democratiche si affermò grazie alla dittatura militare e alla violenza autoritaria. Negli anni di Thatcher e di Reagan la controrivoluzione sperimentata in Cile e in Argentina si generalizzò a tutto l’Occidente come violenza economica e repressione di ogni tentativo di difesa della società.
Non dobbiamo dimenticare del resto che la filosofia del Neoliberismo si fonda essenzialmente sugli stessi principi su cui si fonda il nazismo hitleriano: selezione naturale, imposizione della legge del più forte nella sfera sociale, eliminazione di ogni differenza tra la società e la giungla.

Questa filosofia nazi-liberista si è imposta nel mondo attraverso l’eliminazione delle avanguardie operaie, la ristrutturazione tecnica della produzione, la privatizzazione della scuola, del sistema sanitario, dei trasporti pubblici e attraverso l’occupazione privata dei media.

Quaranta anni di violenza nazi-liberista hanno condotto allo smantellamento dell’edificio della democrazia, all’esaurimento delle risorse fisiche del pianeta, al cambiamento climatico, alla diffusione massiccia di psicopatie aggressive talvolta suicide. Però negli ultimi giorni cominciamo a capire che dal Cile dove questa follia nazi-liberista incominciò, presto potrebbe iniziare il suo crollo.

Nelle ultime settimane abbiamo assistito a un’esplosione d rivolte distinte, disomogenee, perfino contraddittorie nelle forme e negli obiettivi: l’insurrezione ecuadoriana, la rivolta dei giovani di Hong Kong, l’ondata massiccia di protesta contro il centralismo spagnolo in Catalogna, la resistenza armata del popolo curdo contro il fascismo genocida turco.

Ora la sollevazione degli studenti e dei lavoratori cileni, iniziata come protesta contro l’aumento del prezzo dei trasporti urbani si trasforma in una critica pratica e massiccia della violenza finanziaria e chiama gli studenti e i lavoratori di tutto il mondo a scendere in strada a fianco dei ragazzini che ogni venerdì marciano contro il cambiamento climatico.

Il capitalismo è un cadavere nel quale siamo intrappolati: esso incancrenisce le potenzialità di invenzione di progresso di solidarietà. Ci dicono che non ci sono alternative al capitalismo: in questo caso dobbiamo prepararci alla guerra, all’apocalissi ambientale e alla estinzione sempre più probabile della razza umana.

Ma in verità l’alternativa esiste: si fonda sul superamento dell’ossessione economica della crescita, sulla redistribuzione delle risorse, sulla riduzione del tempo di lavoro salariato e l’allargamento del tempo di attività libera (insegnamento, terapia, azione solidale).

In ogni paese del mondo dobbiamo esprimere solidarietà agli insorti cileni, ecuadoriani, hongkonghini, ma soprattutto dobbiamo prepararci a scendere nelle strade, a fermare le attività lavorative e la circolazione del traffico urbano, ad attaccare i centri del potere economico e finanziario e a costruire le strutture per la riconversione ecologica e sociale di cui l’umanità ha urgente bisogno. Forse è adesso il momento, da tanto tempo aspettato, per assestare il colpo finale a questo modo di produzione che produce morte: attaccandolo senza respiro in tutti i luoghi.

Sosteniamo gli insorti che non si arrendono e lottano contro il privilegio. La rivolta cilena chiama la solidarietà internazionale contro il genocidio, perché si chiuda il tempo dell’orrore e dell’indegnità e inizi un’epoca degna di essere vissuta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *