Colectivo Jugetes Perdidos

Desde aquí –y la distancia es clave en nuestra ética política: un aquí que no padece ese brutal terror que está desplegando la gorra coronada del otro lado de la cordillera (Piñera gato blanco, decíamos en la primera visita a Santiago y explicábamos allí que significaba el ´berretín´ felino), entonces siempre una forma de respeto por esa distancia…– estamos expectantes: la lejanía es física, pero no sensible: son muchos y muchas, cabros y cabras con quienes tenemos una amistad y un afecto que no es sólo político. Esas amistades que fueron primero desde esa lejanía de las lecturas viajeras y luego fue con las ondas y las intensidades de cuerpo y risas presentes.

Alegría por las jornadas históricas de agite vital y callejero pa´ sacarse de encima todo el neoliberalismo que se pueda (hasta donde se pueda meter la cuchara) porque esa generación de cabritos y cabritas están silvestrizando a esa sociedad de la deuda. Y preocupación igual de intensa por las imágenes que llegan, por la ferocidad de la máquina letal de estas mierdas mata-gente –esta tierras latinoamericanas son siempre una herida- por lo que se ve en las ciudades y lo que se cuenta de sus barrios periféricos…). Muchos pacos por todos lados: torturas y ´verdugueos´ brutales a cielo abierto y en espacios cerrados, violencia especialmente dirigida contra mujeres y pibas, adolescents detenidos y maltratados, y vecinos engorrados que se suman a la persecución o cierran filas mediante la indiferencia…

En medio del terror, y antes de eso, de que se desatara, el agite despliega una inmensa potencia… (así será: como todo acontecimiento se redefinen las fronteras de lo sensible y lo tolerable).

Cabras y cabros, un aguante desde este aquí atento y expectante, a seguir sosteniendo esos agites, a buscar formas posibles de cuidado y pillez (para escapar a esa violencia letal) a pensar en las redes y alianzas que ampliarán, sostendrán e intensificarán estos agites históricos…

(inevitable, claro, no pensar que en nuestra sociedad el macrismo gobernante hubiese desatado una cacería y una violencia igual de feroz).

(la foto es un recuerdo de una noche alegre y embriagada en un bar silvestre de Santiago)

Republicado de la original.