IV Comunicado Intergaláctico

¡A todos nuestros amigos, todas nuestras amigas insurrectas por todo el territorio!
¡A los pueblos que se levantan!
Por todxs quienes estaban a nuestro lado y no verán nuestra victoria.
Los llevamos y llevaremos siempre en nuestro corazón, en cada una de nuestras acciones.

Vitrina Dystópica, la realidad no es capitalista.

Mira cómo temen. Mira cómo tiemblan cuando los hacemos temblar. Como ni con todas las trampitas con las que han intentado utilizar la confusión a su favor; como ni con todas las trampitas que se han tirado al perseguir, montar, torturar, matar, desaparecer; como ni con toda la vomitiva soberbia con la que arrojan sus limosnas; ni con sus abominables sonrisas que jamás conocieron la alegría que significa plantarse y diferir; ni con sus despreciables valores que hoy terminan por derrumbarse, que ultimamos con toda la historia de los y las oprimidas.

¡Mira cómo con todo ello, no han podido nada contra el fuego que hoy habita todos nuestros corazones, todos nuestros encuentros, todos!

Míralos cambiar una y otra vez de estrategia comunicacional y mantener como telón de fondo el castigo a lxs siempre más castigadxs. Míralos pronunciar sus fétidos discursos del bien y el mal que ya dejamos de atender hace rato. Míralos decirnos que siquiera pueden empatizar, que escuchan, que entienden, que quisieran poder hacerlo mejor; míralos decir que hacen gestos concretos, que se esfuerzan, que juegan a la pelota, que acaso sonríen como nosotras, que con nosotros están y NO DEJAR DE TORTURAR, NO PARAR DE MATAR.

Míralos erráticos, fuera de sí, llenos de nerviosismo. Mira primero en esos ojos insoportables el reflejo de esta ruina que llaman shile y que termina de hundirse. Y mira luego, en los ojos de tus amigxs, la complicidad, el mutuo guiño de este después que se comienza a tramar. Y la sonrisa es imborrable. Esa ternura que se marca a fuego en la piel, en el más bello espíritu que es este cuerpo que podemos componer.

Es que sí, claro -o no tanto- ¡por qué no!, y es que quizás cueste explicarlo o nombrarlo, pero sin duda que cualquiera puede sentirlo: cualquiera que haya sido invadido en esta sensibilidad en fuga a velocidadades insospechadas, que te lleva puesto, te arroja, abriéndose a lo indeterminado, a lo innombrable, a lo que contiene de más cómplice cada encuentro: ahí donde el soberano busca ver y decir, producir “complot”, “plan”, “diseño”, “disciplina militar”, antes bien desplegamos y ponemos en común nuestros agotamientos, nuestros sufrimientos y dolores, pero también un ritmo, un modo, una trama. Y es que se constata cuando decimos “vamos al cacerolazo” y nos damos cuenta que no está en ninguna parte y al mismo tiempo en todos lados; como si fuera un pulso que golpea el pecho; la banda sonora de este movimiento geológico que somos cuando nos vamos urdiendo; como si proviniera desde allá, de atrás del cerro, pero no, era más cerquita, más cálido, aquí entre nosotrxs.

Y es que sí, claro -o no tanto- ahora parece que es posible hacer cuerpo esa palabra, es decir, que parece que sí es posible al fin armar, urdir, tramar. Se contrae y se sustrae, se contrae y se sustrae, ¡como si respirara! O como si murmurara. Y vivo, murmurando va armando cruces, disensos, encuentros, distancias y afectos. Y es que dicen -en secreto- que de eso se trataba: de atraer hacia sí y atravesar, cruzar, ligar, liar las alianzas imprevistas y así, entonces, ir por entre las cuerdas que aun sostienen al cadáver neoliberal produciendo algo enteramente otro. Porque así el encuentro casual, la conversación entre las ollas, la organización rápida y espontánea, crea su propia consistencia, se piensa, se quiere más intensa, se revuelta, se orquesta. Y tomamos lo que nunca debimos ver arrebatado: plazas, edificios, el espacio, nuestro espacio, aprestándonos a no ceder en nuestro deseo de convertir la condena a la sobrevida en hermosa insurrección. .

Es que con una claridad tan pocas veces vista, no hay necesidad de ningún experto que señale ninguna salida. Ni político ni cientista que no hacen ni pueden hacer carne nada de lo que hablan, escupen, vomitan. Pues ¿hacia dónde habría que ir? No es ya el tiempo de ustedes, ni de analizar, ni de capturar adeptos. Los que tienen que retirarse son los asesinos a sueldo que han soltado a las avenidas, a las calles, pasajes, casas; y ustedes Chadwick y Piñera y toda la infamia que constituye su gobierno, ser juzgados como los asesinos sistemáticos que son. No es ya el tiempo de ustedes, aquí y ahora se trama vida.

Tanto tiempo como niñas, niños perdidos, para al fin poder encontrarnos. Mira cómo nos rodean ahora infinitos hilos, cómo conectan, cómo nos invaden, nos empujan, nos inclinan al conjunto. No les daremos el gusto de destruir lo que comienza recién a florecer, de soltar aquello que comenzamos a armar. Ni a los asesinos ni a aquellos que están dispuestos a transar todo a la primera oferta, otra vez, por unas migajas. Vamos por todo y queremos todo, porque nos quitaron tanto. Incluso el miedo. Sabemos que no será fácil ni rápido, pero la temporalidad será nuestra. No les daremos el gusto de poder masacrarnos.

Míralos temblar, sienten el rugido de la tierra que se sacude, de las lenguas que se inventan, de las alianzas silvestres, de lo indómito tomando parte, urdiendo las condiciones para sostener y profundizar este desacato. Mírales sus caras, cómo se les escapa la tiranía, la desfachatez de creernos “alienígenas”, todo lo que de más horrendo puede encontrarse en el animal humano. Míralos espantarse y no entender cómo somos arrebato, manada, maquinita de guerra.

Y míranos juntarnos una vez más para decidir que ya no entenderemos por vida ninguna otra que aquella digna de ser vivida. Una que valga toda la pena y toda la alegría, todas las muertes de nuestrxs compañerxs y todo el dolor que constituye ahora esta fuerza imparable que somos cuando nos guiñamos la ternura: implacables.

Tiemblen los que tengan que temblar, pues devenimos manada, cascada, erosión, tejido: TRAMA. Una vez que se muestra la ruina tal cual es, con toda su violencia, con toda su atrocidad; pues justo allí se revela la vida que siempre habitó el desierto. Tiemblen los que tengan que temblar, pues el cansancio no será impedimento para destituir el mundo que administraban como ruina. Convocamos a lxs oprimidxs de todas las tierras: la revuelta es el apoyo más eficaz. Esto que se teje, esto que se trama será, por denso, indestructible. Esto que se trama, que aquí y ahora se teje, ES VIDA.

Crédito, foto: Frente Fotográfico

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