Diego Sztulwark

Hace más de dos semanas que la atención se nos concentra en Chile. Llega todo tipo de imágenes, de comentarios, de fotos, de informes. Mas wasap que otra cosa. Porque en los grandes medios no se cree más. Hay amigxs, compañerxs que, agotadxs de estar en la calle, de postergada alegría y de contener la rabia han perdido el miedo, y con un sistema nervioso agotado se las arreglan para contar y contar, cada detalle. Por wasap se narra el estallido. Y los que escuchamos y tratamos de entender recibimos por fin fuego a través de esos aparatitos. ¿Wasap contra los grandes medios? Los dispositivos que encadenan en serie la inteligencia común se vuelven armas y subvierten el orden de la comunicación. A la vez que ponen en circulación el deseo, esos mismos aparatitos pueden hacer estallar los modos neoliberales de normalizarlo.

Mientras en Chile se ocupan las calles (llega información de Santiago, Valparaíso, Concepción, pero también de pueblos ignotos) y se padece una siniestra represión, en la Argentina acabamos de votar masivamente un nuevo presidente. Mucho se ha discutido si a Chile le hacen falta mediaciones “peronistas” (populistas), o bien a la Argentina le vendría bien un fuerte grito contra lo neoliberal. Conviene romper estas formas de espejismo. Aquí y allá se hace teoría desde el rechazo. Rechazo al partido neoliberal. Al régimen neoliberal. Y de una manera aún por determinar, rechazo al modo de vida neoliberal. Imposible no recordar nuestro 2001. La elección del 11 de agosto de este año fue un contundente rechazo a Macri y a su programa. ¿Sabremos encontrar los medios políticos para sostener este mandato en el futuro político inmediato?

Chile nos recuerda el sistema de encabalgamientos entre terrorismo de estado y neoliberalismo. Entre represión y capital concentrado. Entre privatización y endeudamiento, gobierno despótico de la vida. Una misma ofensiva contra la dimensión sensible del campo social y los cuerpos individuados. Y más importante aún: nos muestra también la ofensiva sensible desplegada en el plano de las resistencias y las luchas. Mapuche, estudiantes, feminismos, trabajadorxs precarixs. Un hilo rojo que recorre hace décadas el continente se vuelve nueva tierra en el país que hasta sólo tres semanas fungía como vanguardia y fortaleza neoliberal. En la calle y en la conversación se teje una nueva imaginación colectiva, en Chile y en toda Sudamérica. El reverso de lo político va por delante y el anverso por detrás. Es ese tejido de una nueva inteligencia social la que señala el camino y exige un nuevo concepto de lo político.

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